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Bienvenida Elenita.

Bienvenida Elenita. Poema inspirado en la instauración de una mesa de paz con la guerrilla del ELN. Hola Elenita, ¡volviste al fin! Sé que el tiempo y la lucha te llevaron a días largos, Sé que te peleaste contra el mundo y sentiste que ganabas, Sé que pasaste por días malos, Y los días buenos los gozaste, Sé que los hiciste sudar, Temblar, Volar por los aires, Sé que te tuvieron miedo, Y que ese miedo te alimentaba. Pero hoy estas aquí Elenita, Saludándonos a todos, Los del campo y la ciudad, Los primos, Los hermanos, Los abuelos y las madres te reciben con los brazos en alto. Hoy vuelves a las calles, Sin cargar un fusil, Sin perder el camino, Sin miedo a que te maten... o bueno, solo un poquito… …Pero, Elenita, Hoy estas con nosotros,  Nosotros te cuidaremos, Te daremos amor, Te daremos paz, Podrás dormir tranquila y dejarás dormir tranquilos a los demás. Hoy la lucha armada termina, Hoy ya no habr...

Consideraciones de un perro alucinado

Dicen que la verdadera belleza reposa en las criptas de la intelectualidad, mentirosos e imberbes aspirantes a carroñeros, separados de la verdad cósmica, abstraídos en pretensiones dogmáticas, en competencias inocuas, en juicios de valor, ungidos en desechos del submundo, mendigando a través de desvelos las migajas del talento que les fue negado, ignorantes buitres devorando alpiste, queriendo definir lo bello sin dar lugar a la praxis. Hablame de belleza y te susurraré calle, con el hálito hediondo y la mirada extraviada, recitaré sin artificios las cuadras de mi sultana en noche de agosto, un andén adoquinado por exiguos cadáveres exquisitos, amalgamas lacónicos de lo arcano y lo moderno: Cali. ¿Donde apreciar la esencia de la belleza pura? Escapa escurridiza danzando erótica sobre la sonrisa de una puta de esquina, mujeres combustibles de alma pulcra y cuerpo manufacturado, se cuece con fervor en la cuchara de un adicto, en la guitarra d...

Síndrome de abstinencia

No comprendes mujer el daño que a omisión imprimes, Al arar surcos entre nuestra conexión corpórea, Al edificar barreras gélidas entre el guiño absoluto de mis ganas de ti, Distancias mínimas pero de estridente impacto, Derroche de virilidad, inestabilidad y mil versos. ¿En qué he errado dulce señora? Para ser castigado con tal ignominia  cual apestado inclusero, He de intervenir mi percepción mediante conjuros etílicos y drogas ligeras, Mediante poetas malditos y novelas negras, Para no pensar en que era cierto aquella premisa que la soledad es el óxido del tiempo. Esta orgía de malos pensares envuelve mi falta de cordura y la trastoca en psicosis, Si te vas a ir vete, pero no amagues con las artimañas de mujer, de camisón translúcido; Cuando el crepúsculo envejece y mi mirada va a dar tumbos sobre la estepa de estrellas agónicas, Te imputaré tres cargos,  uno por dormir sin percatarte, otro por percatarte sin actuar y el tercero por enamorarm...

A mi musa.

¿Qué era sino su cuerpo un pasaporte completa a la locura? tres, dos, cuantos desearon entre sus caderas alguna vez pasearon. Y no es tan difícil presumir que hay rastro de fina barbarie en su forma discreta de sonreír. A la tumba,  allí nos llevará a todos colgados de su cabello rojo y el azul de tus ansiosos ojos. Mátame con discreción  hazme solo ese favor,   de  dejar que sea uno más  de los que se perdieron en tu corazón.  Porque entre sus pasos largos, seguros y en tacón  dejó un reguero perpetuo  de amantes que jamás amó. 

Querido ser

Dante y Beatriz a orillas del Leteo 1889, obra del pintor venezolano Cristóbal Rojas . Por: Nathalia Andrea Marin Palomino. Septiembre, 2017. Querido ser, Perdóname por olvidar hablarte… o de si quiera tomarme 10 segundos para pensar en ti. El tiempo se me va rápido, la presión engulle, la rutina y las obligaciones me han arrebatado el privilegio de meditar en algo más que no sea el futuro deber, o de soñar. Sí, lo sé. Cometo el mismo error que cuando estabas en vida, alejándome de lo importante, de lo que vale la pena. En aquellas fechas adornadas con colores podía verte, pude haber reído contigo, hubiese deleitado mi alma a tu lado mientras rondamos por el barrio matando cátedra en el camino. Pero no lo aproveché, y qué arrepentida estoy. Tan ocupada estuve de forjar una vida que no me percaté de vivir. ¿Cómo está el cielo? Espero que fascinante, ojalá te encuentres caminando entre las nubes y no en el purgatorio de Dante Alighieri. No volví a verte en sueñ...

Cadaver exquisito de una muñeca rota

Por Santiago Angarita Yela  y Carolina Palacio A las afueras el bar La Bohemia, en los tejados de una ciudad protegida por el la espina de los andes, se encuentran dos amantes. Dispares, disonantes, en lucha constante por sobreponer su sentimiento ante su génesis. La mujer fruto de la burocracia, de facciones dóciles y espíritu romántico lamenta el instante en que su macho cabrío  saltó la cerca impuesta, para regresar a la libertad de los bares de mala muerte y la poesía alucinada. Los siguientes versos, más que una despedida, son una conversación, sin fonemas, ni vocablos. Los siguientes versos más que una conversación, son un grito desesperado de dos almas que lloran ante la separación de sus cuerpos, de un poeta y una poetisa, que incluso al llorar destilan arte. Gardenia: Noche de estrellas, mis ojos entre tus cejas, efímero recuerdo de algo que ya no puede ser. Perro viejo: Noches incluseras, noches infieles, yo que pensaba que las gard...