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A mi musa.


¿Qué era sino su cuerpo un pasaporte completa a la locura?
tres, dos, cuantos desearon
entre sus caderas alguna vez pasearon.

Y no es tan difícil presumir
que hay rastro de fina barbarie
en su forma discreta de sonreír.

A la tumba, 
allí nos llevará a todos
colgados de su cabello rojo
y el azul de tus ansiosos ojos.

Mátame con discreción 
hazme solo ese favor,  
de  dejar que sea uno más 
de los que se perdieron en tu corazón. 

Porque entre sus pasos
largos, seguros y en tacón 
dejó un reguero perpetuo 
de amantes que jamás amó. 

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