Por stephanía bonilla Para todos es una realidad que mi familia no es de una buena economía, qué no tenemos el mejor carro ni vestimos con las mejores telas, tampoco comemos a la orilla de un río en asientos de cristal y mucho menos botamos plata por la ventana. Mi papá no es médico ni arquitecto, tampoco ingeniero o psicólogo, mi mamá no tiene un doctorado en educación ni tiene un puesto en el Alfonso Bonilla Aragón. Sí, hasta ahora parece el infierno existente más execrable que podría imaginar, pero mirá que no, aunque no lo crea, la mayoría de la gente de mi ciudad vive en la misma situación, no aguantamos hambre ni nos arrastramos por las calles pidiendo limosna. En nuestras calles se escucha las letras de la salsa que particularmente adorna los oídos de los Caleños, por allá en las canchas panamericanas podés celebrar con un cholado el calor de la Cali bella. Marchas, audiencias, acuerdos y conferencias se viven a diario en esta ciudad, centro turístico ha de ser Jov...
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