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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuento

A la memoria del muerto y otros llantos.

A la memoria del muerto y otros llantos. En el Metropolitano del Norte ocurre el drama de una mujer que averigua por su muerto. Un hombre que nadie conoce, yace escondido y solo en los rincones del cementerio. Una anciana lava con Fab los osarios del mausoleo familiar mientras, con un nudo en la garganta ve el espacio que le espera justo al lado de su bisabuelo. Un grupo de mariachis con guitarras disonantes, pide monedas y canta a los muertos cuando las lágrimas de decenas de familias, reposan sobre el ataúd, y un reinado de personas persiguen un coche fúnebre hasta la entrada al sepelio… pero esas son solo historias de vivos muertos, diría Piper "Pimienta" Díaz, quien por cierto no posee flores tan hermosas como las caleñas en su osario.  ¡Tome un turno! Ese es el encabezado que atiende en la puerta principal de la recepción. Viejos avisos promocionan los servicios de exhumación y sepelios memorables. Ofertas para difuntos que decoran las parede...

Thoda ga

Por santiago Angarita Yela No puedo morir . L a naturalidad del ciclo vital ha decidido darme la espalda, mi vida se ha tornado  en  una constante  finta a la oscuridad del averno . La  vaga erudición en temas mortuorios, ha mutado en una enciclopedia de maneras para adelantar el desdibuje del golpe de aquella luz al final del túnel . L as primeras veces, tienen prioridad en aquella falsa organización de espacio personal que llamamos momentos .   H ordas de impotencia llenan mi torrente cuando el viv í do recuerdo se transforma en el primer intento de suicidio,   vodka barato y mi madre en un ataúd, todos lloraban excepto yo . C omo voy a llorar si fue su decisión . E l dedo en su boca incitándome al silencio mientras veinte  pastillas de brupopíon rompían su conexión con la realidad . F alleció apacible,  f ría,   inmutable, justo como caminó  en la  vida .   L a noche siguiente trat é  de imitarla ,  pe...

Saldos de guerra

Estás acostado. Dormido. No te apresuras por nada, solo descansas luego de un largo día de trabajo. El sueño repara, es hondo y te lleva lejos. A tu lado, tu mujer. Duerme también, quizá más hondo que tú, pues su día es más largo. A lo lejos, pisadas por la carretera. Pisadas de jóvenes esperanzas rotas, truncadas, pisadas de huellas hondas por el cargo de conciencia. Tal vez una voz ronca por el uso del tabaco, con órdenes imprecisas sobre el futuro del país. Sigues en lo tuyo. El calor de las sabanas, lo mullido del colchón viejo. Tu habitación sencilla, pero no sucia. Tus sueños sinceros, sin mayor extrañeza. Un paro en seco. La noche se parte, ya no hay movimiento. Hasta los grillos parecen detener su canto. Un par de cuchicheos que no disimulan en nada la búsqueda de nuevas presas. Dan dos golpes a la puerta. Entre sueños, no logras diferencias estos primeros llamados, aunque si percibes la incomodidad reinante, la tensión que se puede cortar. Dos puños toca...