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Querido ser

Dante y Beatriz a orillas del Leteo 1889, obra del pintor venezolano Cristóbal Rojas.

Por:
Nathalia Andrea Marin Palomino.


Septiembre, 2017.

Querido ser,

Perdóname por olvidar hablarte… o de si quiera tomarme 10 segundos para pensar en ti. El tiempo se me va rápido, la presión engulle, la rutina y las obligaciones me han arrebatado el privilegio de meditar en algo más que no sea el futuro deber, o de soñar. Sí, lo sé. Cometo el mismo error que cuando estabas en vida, alejándome de lo importante, de lo que vale la pena. En aquellas fechas adornadas con colores podía verte, pude haber reído contigo, hubiese deleitado mi alma a tu lado mientras rondamos por el barrio matando cátedra en el camino.

Pero no lo aproveché, y qué arrepentida estoy. Tan ocupada estuve de forjar una vida que no me percaté de vivir.

¿Cómo está el cielo? Espero que fascinante, ojalá te encuentres caminando entre las nubes y no en el purgatorio de Dante Alighieri. No volví a verte en sueños, lo que me hace suponer que has de estar bailando con los grandes de la salsa, algún ídolo del rock o cantando vallenato con néctar de los dioses. Debo confesar que pagaría cualquier valor de dinero para ser niña y jugar contigo, o para escuchar chistes en la radio. A pesar de tu enorme ausencia, no te pierdes mucho del lado de los vivos, tu familia se ha levantado poco a poco después de sufrir tu muerte, recordaron la facilidad de sonreír, las palabras bellas y la fe regresaron, los planes se han logrado lentamente, pero ahora son seguros. Todo está bien dentro de lo que cabe esperar, sin embargo, muchos gatos se nos han ido a donde tú estás, el perro de la casa igual, ya no soportaba más. Vivir es un infierno provocado por nosotros mismos que empeora con el paso de los días, cada mañana arde más que la anterior.
 
 Y no me siento bien. Con nada de esto. Tu chica ha estado vulnerable, con un dolor frecuente que no ha tenido cura. La gente dice que tengo las puertas abiertas para que cualquier cosita, pero tener las manos atadas me desmorona. Estoy avanzando en la carrera, he aprendido más de lo que deseaba saber cuándo me gradué de bachiller, con el conocimiento que tengo es tentador comerse el mundo y tener la cabeza en alto con una sonrisa en la cara porque he triunfado… sin embargo, uno es como medio desagradecido oís. Toda una inconformista. He pensado tanto en los obstáculos que ganas dan de mandar todo al carajo; ver al país tan crédulo y la corrupción tan descarada me repugnan, quisiera tener poder divino en mis manos para demostrarle la verdad a mis compatriotas sobre sus mandatarios y que por fin la justicia exista en Colombia; me encantaría no amar más, a nadie. He querido a amigos y han manipulado ese amor para crear daño, le he dado mi corazón al ser amado y ahora él trata de recomponerlo pegando con cinta los pedazos, he adorado a cada animalito que veo y me da impotencia no poder ayudarlos a que todos y cada uno tenga una vida digna, sin calle y sin maltrato. Mejor no tener sentimientos por nada ni nadie y así se vive más chévere. Ahora amar me da miedo.

Quiero cambiar el mundo así sea un poquito para que sea mejor, quiero volver a ser feliz y estar tranquila conmigo misma, quiero continuar escribiendo y hacer en lo que soy buena sin pensar en el qué dirán, si es bueno o malo, si lo leerán o no, me hierve la sangre tener la mente trabajando como una máquina que se sobre calienta... y no puedes parar porque te echan para atrás. ¡Al diablo, me quitan libertad! ¡Deseo ser poderosa, porque me harté de sentirme inútil!

Y sí querido mío, todos tenemos la solución en nuestras manos pero tener el corazón tan triste pesa mucho, me ha enfermado tanto que ni quiero hacer nada…  estoy cansada.

En estos momentos sólo me atrevo a extrañarte, a pensar en cuánto te amo y cómo venero una risa contigo, una carcajada sería una gran medicina a esta enfermedad que se llama realidad. ¿Por qué amamos más a las personas cuando están muertos? ¿Por qué no valoramos nada y preferimos hacerlo cuando lo perdimos? ¿Por qué fue tu hora de partir? ¿Por qué no te vi una última vez? ¿Por qué no te llamé aquel diciembre a contarte que entré la universidad? De haber sabido que morirías tan pronto… dios, me haces tanta falta.

Como dice la canción: “vivo en un mundo de mentiras, fabricando fantasías.” He estado en esas, buscando cualquier excusa para alegrarme, hasta quiero leer tanta literatura fantástica para ver si mejor pienso en magia y no en la maldad de este planeta. Me voy a poner a ahorrar más para darme el gusto en los libros, que ya no sea uno por mes sino tres. Pues, ya que huir de la vida no es una opción para mí, por lo menos escaparme en las letras unos raticos sería un gran bien.

Me despido por esta noche, con algo de paz en mi corazón, recordarte era lo que necesitaba para recuperar la cordura.



                                                                                                        Aún amándote, Nat.

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