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Mostrando las entradas etiquetadas como Erly Misaki

Libros para la semana.

Tal vez lo más provocador que uno como persona o ente puede realizar, es algún tipo de listado. Los listados son incomodos: califican, posicionan, demeritan, estratifican, sentencian y persiguen. Ha habido pocos listados en la historia que se hallan visto con buenos ojos o sean esperados con alegría (¿Por qué quien quiere escuchar su nombre seguido de una pésima nota?) Y no, no vengo a cambiar el paradigma, yo traigo un listado incomodo, un listado para que, con sátira y moraleja, uno se haga consciente del mundo que habita, el sistema que lo rige y lo imposible que puede ser cambiarlo. Es, por tanto, solo un listado de libros para ver y verse sin el vidrio empañado. 1.    Historia de la Estupidez Humana — Paul Tabori. La estupidez es el arma humana más letal, la más devastadora epidemia, el más costoso lujo. ¿Usted ha escuchado la canción “los idiotas” de Calle 13? ¿Ha estado bajo el yugo de su propia estupidez alguna vez?  ¿Se ha avergonzado...

A mí que me den tiempo

Tengo diecinueve años. Soy de Trujillo, un pueblito pequeño del Valle. Soy una lectora voraz y una crítica transparente. He leído todos los libros que cayeron en mis manos desde que tengo memoria, acabé con la pequeña biblioteca de mis padres antes de los quince y luego todo lo que hallé por el camino lo coleccioné como ganancia. Si me preguntan, creo que conozco la geografía de muchos pueblos fantásticos tan bien como conozco el mapa terrestre y sus formaciones. Pero necesito tiempo, tiempo para digerir la realidad más allá de la ficción que me apasiona. ¿Dónde está mi mundo hoy? Mi mundo es un mundo postmoderno obsesionado con el pasado y sus errores. Calificativos como el de “extremista”, “extremista religioso” y “chovinista” son usuales en las noticias y los diarios de forma calamitosa. Escucho como con mayor fuerza grupo de segregación toman fuerza en los Estado Unidos, mientras en el patio de mi casa, de Colombia, el partido Liberal tiene a una congresista que trató ...

Mercado de marabuntas.

Relativity (Escher, 1953) Hay lo que se necesita para ser feliz, un poco de Shakespeare, de Poe, de Hesse, de Rushide. Creo que si escarbas queda algo de Austen y de Alcott; lo que si encontrarás a millones es Asimov y Verne, también mucho más Saramago del que necesita alguien en su vida. Quizá porque me gusta ver el horizonte sin final de la galaxia y la imposibilidad palpable del universo submarino con estos ojos ciegos que no reconocen el paso del tiempo. Tengo una gota de Mistral y una mariposa de García Márquez. Hay, al fondo, cuatro o cinco viajes por el Egipto faraónico, dos por Babilonia, uno por Mesoamérica y unos cuantos por la Europa de los siglos XVII y XVIII. Tengo un paseo por un jardín japonés con los muertos bajo una princesa, un armario en algún lugar de Europa que esconde a una niña desnuda que atrapa viajeros. Creo que hay para ofrecer, además, dos o tres viajes por carretera en USA, con música country o rock, del gusto que lo prefieran. Hay también,...

La buena novela

El año pasado, Ivan George y yo abrimos una librería en París a la que llamamos La Buena Novela, para que su razón de ser estuviera clara. El proyecto se entendió bien y debió responder a alguna de responder a alguna necesidad existente, pues el éxito fue inmediato. ¿A quién puede hacerle sombra esta librería? ¿Quién nos odia hasta el punto de querer aniquilarnos? Desde hace cuatro meses somos el blanco de ataques violentos, tanto en la prensa como en Internet. Para denigrarnos se ha invocado nuestro supuesto elitismo, nuestra predilección por la calidad literaria, que al parecer se considera reaccionaria, se ha insinuado un vínculo sospechoso entre la librería y el gran capital y, desde hace muy poco, también se ha hecho referencia a nosotros mismos y a nuestras vidas privadas, la de Ivan George y la mía, con falsas y terribles acusaciones. Pensar así es equivocarse profundamente sobre lo que buscamos y lo que es La Buena Novela. Desde que existe la literatura, el suf...

Los sin-sentidos de la vida

por Erly Sanchez Los sin-sentidos de la vida …. El olor del mundo Antes de conocerte, creía conocer el olor de las cosas, del mundo. Estaba, aliviada por el destino hospitalario y gentil de la soltería, ciega al poder de otra persona junto a ti, fusionando eternidades. Y es que sentado a mi lado, mientras arrancas los acordes de una guitarra prestada, entonando mal una canción, el olor tuyo y el del agua, que corre en un murmullo armónico a mi humor y no a la música, las cosas se vuelven de revés. Me parece, perdida como estoy en la sensación de tu cabello -ondas profundas y caobas, de sedosa procedencia y encantador reflexión-, que la vida ha de transcurrir siempre así. Tu y yo, y esos olores. El de tu piel, que es como tú, una colección de irreflexiones metódicas, el reverso del mundo buscando su propia explicación y de paso un poco de cordura. También el olor del pasto, ese en el que luego nos recostamos, y que se pega a ti haciéndote más cítrico, más a tus ...

No hay colchones en el albergue

Por Santiago Angarita Yela. Un hombre golpeado por las injusticias de una vida libertaria y el abandono del estado, duerme con la boca abierta sentado en el banco de una capilla. No es una capilla cualquiera, esta carece de paredes  e incluso de párroco. Se sabe que es una capilla por el gran crucifijo de madera y la iluminada imagen de la virgen de las lajas, que reposa en una esquina decorada por dos sabanas moradas. Si uno ignora el hecho de que el suelo es de piedra es posible encontrar cierto encanto en aquel humilde paraje. El hombre tiene la cara sucia, los pies descalzos y solo unos cuantos dientes en la boca. Ronda los  sesenta pero parece llevar siglos sobre su espalda. Responde al nombre de  Antonio Manrique y es el más antiguo residente del albergue  sobre la Versalles, un complejo geriátrico donado  por el conglomerado de burgueses P almiranos  conocidos como el   C lub R otario. Aquel lugar de nostalgia y paredes ajadas es  la e...

No soy feminista

Por Erly Sanchez . Y no, no soy una machista, oprimida y sumisa que le gusta el dolor. Todo menos eso. Soy humana, el hecho de que no me agrade el término “feminista” no quiere decir que desconozca los problemas de las mujeres, es que me parece que se exagera un poco con las chicas que de una u otra manera hemos tenido más oportunidades que las demás y parece que al ser “feministas” debamos seguir exigiendo. No me parece justo. Y tiene que ver con un suceso claro: Lo último que veo en una persona es su género. Tuve la gran oportunidad de crecer en una familia donde mi género no determinó nunca mi rol allí. Mi padre nunca me dijo: “Deja de hacer eso que es de niño”, aunque en muchas ocasiones si se vio disgustado ante mis manera de expresarme a través de mis ropas o mi vocabulario, dejó que yo escogiera con libertad que deseaba en mi vida. Mi madre fue un impulso igual de fuerte, lo tiene que ser cuando trabajas, eres mamá y aun así te queda tiempo de ser tan altruista como para ...