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Consideraciones de un perro alucinado




Dicen que la verdadera belleza reposa en las criptas de la intelectualidad,
mentirosos e imberbes aspirantes a carroñeros,
separados de la verdad cósmica, abstraídos en pretensiones dogmáticas,
en competencias inocuas, en juicios de valor,
ungidos en desechos del submundo,
mendigando a través de desvelos las migajas del talento que les fue negado,
ignorantes buitres devorando alpiste, queriendo definir lo bello sin dar lugar a la praxis.


Hablame de belleza y te susurraré calle, con el hálito hediondo y la mirada extraviada,
recitaré sin artificios las cuadras de mi sultana en noche de agosto,
un andén adoquinado por exiguos cadáveres exquisitos,
amalgamas lacónicos de lo arcano y lo moderno: Cali.


¿Donde apreciar la esencia de la belleza pura?
Escapa escurridiza danzando erótica sobre la sonrisa de una puta de esquina,
mujeres combustibles de alma pulcra y cuerpo manufacturado,
se cuece con fervor en la cuchara de un adicto, en la guitarra de un andariego,
en la pulga prima  de la magnánima rata.
Mis ojos parvularios sangran;
al besar el calvario de los inestables,
El paraíso fiscal de la psicosis autoinflingida,
Sangran de júbilo, admiración y sosiego,
En los rosales no cantan las cucarachas,
Y No se ha visto el plano fisico tal belleza primigenia: Cali.


Muros eclesiásticos se atreven a lavar las penas sin consentimiento de los victimarios,
perros entrenados usurpan la belleza,
la rebeldía, éter de toda creación divina,
el arte dogmático: no es más que propaganda política;
han recurrido los mandatarios a la represión, víctimas de  la escasez de mariposas,
y asesinan la  belleza,
y no se cuánto más debo profanar la razón para ser Dios,
¿He de entregarme a la comodidad de los analfas funcionales?
¿He de polarizar el arte, sin ningún fin más que alimentar la egolatría de los del rebaño?
Buitre no come alpiste y es esta urbe la sucursal, pero del exceso: Cali.


La belleza para aquellos que se hacen llamar deliristas no es concepto en sí,
es construcción sensorial,  mezcla homogénea entre imaginarios y marginalidades,
exaltación poética de todo arte que diluya los cimientos de la casa del amo,
la calle es lienzo, musa y hoguera;
calle curtida, calle distante, calle desidia.
Inyecten al poseído tres copas de aguardiente,
desboquen su virilidad desnuda sobre las cordilleras de mi Valle,
porque la sultana es calle y por consiguiente bella,
no exilies mis falanges de debajo de tu falda: Cali.


Dicen que las verdadera belleza reposa en las criptas de la intelectualidad,
le poesie est dans le rue,
Y no me hablés en francés aburguesado, que el calicalabozo solo conoce de un idioma,
El de la brisa;

La poesía está en las calles y esta solo mengua en el pórtico de los burócratas.

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