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Los pecados de la vagina.

Me purgo, mi señor, de sus designios ancestrales. De rodillas y gacha la cabeza, me excuso por mentir tan bien. La señora quería respuestas, quería conocer el contenido, pero ella no podía. No debía decirlo. Nunca. Detrás de ella, enroscada en una manta vieja, la niña Alejandra le miraba con sus ojos grandes, como huevos cocidos. Blancos, muy blancos. Y temblaban, con el mismo miedo con el que se había tomado el contenido de la totuma que su madre levantaba con enojo. —¿Para quién lo hiciste, Berta? Más te vale que me digás que le has puesto y para quién. —Para nadie, mi señora, se lo digo. Eso solo son unas matas pa’ matar el moho del baño. No es para nadie. Estaba enojada. Doña Eugenia cuando se enojaba parecía triplicar su tamaño, que de ordinario era minúsculo y casi infantil. Señora de señoras, conocía todas las mañas ajenas, sobre todo las de sus subalternas, indias patirajadas sin educación . —Mirá Berta, sino me sos sincera te echo de la casa. —...

Bienvenida Elenita.

Bienvenida Elenita. Poema inspirado en la instauración de una mesa de paz con la guerrilla del ELN. Hola Elenita, ¡volviste al fin! Sé que el tiempo y la lucha te llevaron a días largos, Sé que te peleaste contra el mundo y sentiste que ganabas, Sé que pasaste por días malos, Y los días buenos los gozaste, Sé que los hiciste sudar, Temblar, Volar por los aires, Sé que te tuvieron miedo, Y que ese miedo te alimentaba. Pero hoy estas aquí Elenita, Saludándonos a todos, Los del campo y la ciudad, Los primos, Los hermanos, Los abuelos y las madres te reciben con los brazos en alto. Hoy vuelves a las calles, Sin cargar un fusil, Sin perder el camino, Sin miedo a que te maten... o bueno, solo un poquito… …Pero, Elenita, Hoy estas con nosotros,  Nosotros te cuidaremos, Te daremos amor, Te daremos paz, Podrás dormir tranquila y dejarás dormir tranquilos a los demás. Hoy la lucha armada termina, Hoy ya no habr...

Verso para desenamorar

Odiada mía Hoy no seré tu caballero Ni tu te trajearas de princesa No iré a tu redención pues la bestia soy yo Te resuelvo remota de mis haberes Por tus siniestras ventanas Las que no confiesan su última lágrima Las que yacen con los anhelos resquebrajados Mi remembranza no da cuenta de las puñaladas, De las ojeadas indirectas y las caratoñas foraneas Que veía en cara de todos los traidores sonrientes Mi delirante persona segunda lo inevitable. No te amo con todas mis fuerzas No te abrazo ni pago mis caricias en reserva He de erigir un monumento a todos nuestros pecados A los estridentes alaridos que retumban Entre barreras testigos de la cruzada Entre mis afanes y tus amaneceres en los bares. Indigno de un idilio imaginario, De unos abrazos enlatados De unos versos caducados Dentro de los que se encuentra este, El más añejo de todos, Cómo un triste ron para olvidar un amor, Un amor que nunca existi...

Consideraciones de un perro alucinado

Dicen que la verdadera belleza reposa en las criptas de la intelectualidad, mentirosos e imberbes aspirantes a carroñeros, separados de la verdad cósmica, abstraídos en pretensiones dogmáticas, en competencias inocuas, en juicios de valor, ungidos en desechos del submundo, mendigando a través de desvelos las migajas del talento que les fue negado, ignorantes buitres devorando alpiste, queriendo definir lo bello sin dar lugar a la praxis. Hablame de belleza y te susurraré calle, con el hálito hediondo y la mirada extraviada, recitaré sin artificios las cuadras de mi sultana en noche de agosto, un andén adoquinado por exiguos cadáveres exquisitos, amalgamas lacónicos de lo arcano y lo moderno: Cali. ¿Donde apreciar la esencia de la belleza pura? Escapa escurridiza danzando erótica sobre la sonrisa de una puta de esquina, mujeres combustibles de alma pulcra y cuerpo manufacturado, se cuece con fervor en la cuchara de un adicto, en la guitarra d...

Síndrome de abstinencia

No comprendes mujer el daño que a omisión imprimes, Al arar surcos entre nuestra conexión corpórea, Al edificar barreras gélidas entre el guiño absoluto de mis ganas de ti, Distancias mínimas pero de estridente impacto, Derroche de virilidad, inestabilidad y mil versos. ¿En qué he errado dulce señora? Para ser castigado con tal ignominia  cual apestado inclusero, He de intervenir mi percepción mediante conjuros etílicos y drogas ligeras, Mediante poetas malditos y novelas negras, Para no pensar en que era cierto aquella premisa que la soledad es el óxido del tiempo. Esta orgía de malos pensares envuelve mi falta de cordura y la trastoca en psicosis, Si te vas a ir vete, pero no amagues con las artimañas de mujer, de camisón translúcido; Cuando el crepúsculo envejece y mi mirada va a dar tumbos sobre la estepa de estrellas agónicas, Te imputaré tres cargos,  uno por dormir sin percatarte, otro por percatarte sin actuar y el tercero por enamorarm...

A mi musa.

¿Qué era sino su cuerpo un pasaporte completa a la locura? tres, dos, cuantos desearon entre sus caderas alguna vez pasearon. Y no es tan difícil presumir que hay rastro de fina barbarie en su forma discreta de sonreír. A la tumba,  allí nos llevará a todos colgados de su cabello rojo y el azul de tus ansiosos ojos. Mátame con discreción  hazme solo ese favor,   de  dejar que sea uno más  de los que se perdieron en tu corazón.  Porque entre sus pasos largos, seguros y en tacón  dejó un reguero perpetuo  de amantes que jamás amó. 

Querido ser

Dante y Beatriz a orillas del Leteo 1889, obra del pintor venezolano Cristóbal Rojas . Por: Nathalia Andrea Marin Palomino. Septiembre, 2017. Querido ser, Perdóname por olvidar hablarte… o de si quiera tomarme 10 segundos para pensar en ti. El tiempo se me va rápido, la presión engulle, la rutina y las obligaciones me han arrebatado el privilegio de meditar en algo más que no sea el futuro deber, o de soñar. Sí, lo sé. Cometo el mismo error que cuando estabas en vida, alejándome de lo importante, de lo que vale la pena. En aquellas fechas adornadas con colores podía verte, pude haber reído contigo, hubiese deleitado mi alma a tu lado mientras rondamos por el barrio matando cátedra en el camino. Pero no lo aproveché, y qué arrepentida estoy. Tan ocupada estuve de forjar una vida que no me percaté de vivir. ¿Cómo está el cielo? Espero que fascinante, ojalá te encuentres caminando entre las nubes y no en el purgatorio de Dante Alighieri. No volví a verte en sueñ...