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Lunes salado.



La musa dolosa llora abrazada en el sereno, llora una traición entrelazada, hostigada por el alumbrar de expectativas y los deseos ocultos en las tardes de viernes han desbordado océanos sobre el diván, gotas de rompimiento tardío del lejano estío  bajo el locuaz invierno.
Hiel con miel, la musa llora a gritos mientras el poeta grita al llanto,cuantas veces dijiste  te amo, y cuantas veces lo creí, susurrame tres veces, pero no me beses ninguna.
Labios ajados,  labios traidores,el desencanto del otoño no roerá la edificación de nuestras pretensiones veinteañeras.
La musa sonríe junto al balcón, ha visto el rostro del poeta la musa  en las nubes, sentido su tacto en el tiempo, es lo más lejos que llegara, de probar la sangre agridulce del compromiso eterno.
El poeta sonríe a los recuerdos de su mundo , sumergido en nostalgia, ebrio en onomatopeyas de orgasmos lejanos , cansado de caer siempre en el juego de la credulidad.
Agradecido de ser poeta, haciendo ecfrasis en las rosas desdibujadas del jardín de la psicosis, añorando una vieja musa, enrollada en tres besos de verano.
Santiago Angarita.

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