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Contemplando en el vino.

Contemplando en el vino.
por
 Francisco Perlaza





Las noches tenebrosas, frutos nocturnos del silencio, el recuerdo inocuo de tu ausencia vive.

El cielo llora copos helados y yo sigo acá, sentado sobre las ganas de comerme tus floridas orquídeas, el vino en caja me acompaña.

Estos vinos no matan gente, no como el vodka o la ginebra, pero te trae a mi presente, te arrancan de tu triste lejanía y te sienta a mi lado.

Me rondan tus fotos como almas en pena y no siento miedo, no temo a tu ausencia, tu presencia me aplasta.

Te he sentido acá, siempre, sentada a mi lado, recordándome que no estoy muerto, trayendo a mi cabeza las noches largas, los retratos fúnebres que escupimos, las sonatas cantarinas que componíamos en las noches mientras la sombra de tu brillante desnudez me cubría.

Ah. El vino, sabroso vino en caja que no hay en otra parte, que tantos amores ha ayudado a digerir, cuántas vidas terminaría, que tantos perros solitarios te probarían, que tantos habrán muerto mientras tus uvas bajan por sus entrañas, esculpiendo su hígado en una interminable disección.

Cuantos muertos y el acá, barato, seco, chileno, frio, triste.

Este país se puede esculpir en el sabor del vino, puedo saborear sus montañas, sus desiertos, la tenebrosa y monumental cordillera está tatuada en sus fibras, pero yo solo la veo a ella, entre los miles de bares, parada sola en los eternos desiertos mirándome, entre las botellas del mostrador, entre los arboles asediados por el frio, solo la veo a ella… y al vino.

Como un recuerdo baldío de noches allegadas, tatuadas en las fibras de lo más hondo de mi pecho.
El hombre ha estado loco, tan loco que ha creado el vino, ha creado imágenes pictóricas y sofocantes de la sombra de sus recuerdos, las sombras que persiguen su triste existencia y en las miles de uvas que pulieron este vino se encuentra ella, acostada con su dulce y loca delgadez.


El vino es el pincel que recorre tus laboriosas curvas, que embriaga de deseo las pulcras locuras, que inyecta en mi pecho tu dulce eternidad.

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